
Nos encanta la IA, nos flipa cómo genera imágenes, código y textos en segundos, pero… ¿alguna vez os habéis preguntado qué hay al otro lado del enchufe?
Resulta que la «nube» no es tan etérea como parece. Es física, gigantesca y tiene un hambre de energía voraz que está resucitando a un viejo conocido que creíamos estar jubilando: el gas natural. Preparaos, porque la factura climática de preguntarle a ChatGPT va a ser astronómica.
El renacer del gas fósil impulsado por los algoritmos
La revolución de la Inteligencia Artificial tiene un motor oculto y humeante. Según un informe de The Guardian de esta semana, Estados Unidos está liderando una expansión masiva de la generación de energía a gas a nivel mundial. ¿La razón? La necesidad desesperada de alimentar la expansión continua de centros de datos de IA extremadamente intensivos en energía.

Un informe del Global Energy Monitor (GEM) ha encendido todas las alarmas: la nueva capacidad de generación de energía a gas natural agregada a nivel mundial este año romperá récords anuales. Es más, se espera que los proyectos actualmente en desarrollo aumenten la capacidad de generación a gas global existente en un asombroso 50%.
Estados Unidos es la punta de lanza de esta ola de «creciente consumo de gas». El dato más revelador es el siguiente: de los 252 gigavatios de proyectos de generación de energía a gas actualmente en desarrollo en EE. UU., un tercio se está construyendo directamente para alimentar centros de datos. La conexión es directa e innegable.
Una hipoteca climática catastrófica
Esta fiebre por la nueva generación de energía a base de gas llega en el peor momento posible, justo cuando los científicos advierten de la urgencia de eliminar gradualmente los combustibles fósiles.
Las cifras del impacto son aterradoras. Si se completan todos los proyectos de gas planificados en Estados Unidos, se espera que emitan 12.100 millones de toneladas de dióxido de carbono a lo largo de su ciclo de vida. Para que os hagáis una idea, esto es el doble de las emisiones anuales actuales de todas las fuentes de energía del país juntas.
A escala mundial, la cifra se dispara a 53.200 millones de toneladas de CO2, lo que agravará inevitablemente el riesgo de olas de calor, sequías, inundaciones y otros desastres naturales.

La «burbuja de la IA» y la oportunidad perdida
Jenny Matos, directora del Proyecto de Seguimiento de Centrales Eléctricas de Petróleo y Gas del GEM, ha sido tajante en su crítica. Considera que construir nuevas centrales de gas para satisfacer una «incierta demanda energética de la IA» equivale a «añadir décadas de contaminación de golpe«.
Matos lamenta que este riesgo podría haberse evitado apostando por soluciones energéticas flexibles y limpias en lugar de recurrir a lo fácil y sucio. Y lanza una advertencia final: «Mientras la burbuja de la IA continúa inflándose, Estados Unidos debe decidir si duplicar el uso de combustibles fósiles o elegir otro camino».
La opinión final del Gurú: análisis estratégico
Estratégicamente, esto es un desastre de relaciones públicas y un riesgo operativo masivo para las grandes tecnológicas (Big Tech). Empresas como Google, Microsoft o Amazon, que llevan años presumiendo de objetivos de «carbono neutral» o «carbono negativo», se enfrentan ahora a la cruda realidad: su nueva gallina de los huevos de oro (la IA) es la tecnología más contaminante que han desplegado en décadas.
Están atrapados en un dilema: si quieren ganar la carrera de la IA, necesitan energía ya, en cantidades industriales y de forma constante (24/7). Las renovables, por sí solas y sin un almacenamiento masivo que aún no tenemos a escala, no pueden garantizar esa estabilidad hoy mismo. El gas natural es la solución rápida y sucia. La estrategia actual parece ser «crecer primero, limpiar después», pero el daño climático irreversible que están financiando podría convertir la utopía de la IA en una distopía ambiental antes de que nos demos cuenta.
Es una apuesta de altísimo riesgo. ¡Te leo abajo! Déjanos tu opinión en los comentarios y únete a la discusión en Instagram, Facebook y YouTube.