
Primero fue GitHub Copilot, el asistente que te susurraba sugerencias de código. Luego llegaron las IAs que completaban funciones enteras. Eran una ayuda, una herramienta. Con el lanzamiento oficial de GPT-5, OpenAI acaba de reventar ese paradigma. Ya no hablamos de un «copiloto». Hablamos del piloto, del ingeniero y de todo el departamento de desarrollo metido en una sola caja.
Según la propia compañía y las demostraciones que han dejado a todo el mundo con la boca abierta, GPT-5 puede programar una aplicación completa desde cero, en minutos, a partir de una simple descripción en lenguaje natural. No es el futuro lejano del que hablan los profetas. Es la nueva y aterradora realidad del desarrollo de software, disponible desde hoy.
Más allá de los benchmarks: un verdadero compañero de equipo
OpenAI ha soltado los números para impresionar a los más técnicos: un 74,9% de puntuación en el exigente benchmark SWE-bench (superando a su predecesor, o3) y un récord del 88% en la prueba de edición de código Aider polyglot. Cifras impresionantes, sí, pero que se quedan cortas para describir lo que de verdad puede hacer. Curiosamente, en sus gráficos comparativos, se «olvidan» de mencionar a sus rivales más directos, como Claude 4 Opus o el nuevo Gemini 2.5 Pro, una jugada de marketing un tanto rastrera.

Lo verdaderamente revolucionario es su capacidad para actuar como un colaborador. Puede analizar un repositorio de código entero y explicarte para qué sirve una función que escribió un ingeniero que dejó la empresa hace cinco años. Puede generar planes de acción detallados, darte actualizaciones de su progreso y, lo más importante, trabajar de forma completamente autónoma.
La era del agente: IAs que contratan a otras IAs
Aquí es donde la cosa se vuelve ciencia ficción. GPT-5 puede coger una tarea de programación compleja, como «crea un panel de control financiero», y asignársela a varios «agentes» de IA que trabajan en paralelo y en segundo plano. Es como un jefe de proyecto de software que gestiona a su propio equipo de programadores, todos ellos IAs, que se reparten el trabajo, lo ejecutan y lo ensamblan.
Puede ejecutar tareas de principio a fin sin intervención humana. Le das el objetivo, y él se encarga de todo el proceso: planificar la arquitectura, escribir el código, buscar sus propios errores, depurarlos y entregarte la aplicación funcional. Es el primer paso real hacia la «fábrica de software» totalmente automatizada.
El futuro del programador
La llegada de GPT-5 confirma lo que el CEO de GitHub nos advertía hace solo unos días: la era del «picateclas» ha terminado. El valor de un ingeniero ya no estará en su habilidad para escribir miles de líneas de código, sino en su capacidad para diseñar sistemas, definir problemas y dirigir a estas IAs. GPT-5 no es una amenaza para los buenos ingenieros; es el arma definitiva. Es la herramienta que les permitirá ser 10, 20 o 100 veces más productivos, centrándose en la arquitectura y la creatividad en lugar de en el código repetitivo y tedioso.
Pero para el que solo sabe picar código básico siguiendo instrucciones, sí, es una amenaza existencial. OpenAI no ha creado solo un modelo de lenguaje. Ha creado el programador junior más rápido, barato e incansable de la historia de la humanidad.
¿Es GPT-5 el fin de la programación como la conocemos o la herramienta que la llevará a un nuevo nivel? ¿Están los ingenieros de software preparados para convertirse en «directores de IAs»? El debate sobre el futuro del código está más caliente que nunca. Déjanos tu opinión en los comentarios y únete a la discusión en Instagram, Facebook y YouTube.