Durante los últimos quince años, la hoja de ruta de Woking se ha escrito con la fría precisión de un algoritmo de contabilidad. Chasis monocasco de fibra de carbono, motores V8 biturbo exprimidos hasta el paroxismo y transmisiones automáticas de doble embrague capaces de cambiar de marcha más rápido de lo que parpadeas. Una receta impecable sobre el papel, pero peligrosamente homogénea que acabó convirtiendo a sus superdeportivos en máquinas hipercompetentes… y emocionalmente estériles.
Ahora, aprovechando el circo mediático de la Semana del Automóvil de Monterey, McLaren ha decidido romper con su propia matrix. El resultado es el McL 6GT (desarrollado bajo el código interno P50), un prototipo con sabor a despedida del exceso digital que llegará a la calle en formato de producción ultralimitada en 2028. Y lo más importante: recupera algo que la marca había enterrado hace 34 años.

Tres pedales, palanca y cero baterías: El manifiesto anti-Tesla
En plena era donde los fabricantes se matan por anunciar pantallas de 50 pulgadas, hibridaciones pesadas y sistemas de asistencia que conducen por ti, McLaren ha pegado un puñetazo en la mesa. El McL 6GT prescinde por completo de lastres eléctricos y monta un motor V8 biturbo asociado de manera purista a una transmisión manual mecánica de seis velocidades.

No hay levas de carbono en el volante ni gestiones electrónicas inteligentes que simulen reducciones. Es una configuración de tres pedales estricta —la primera vez que Woking se atreve a montar algo así en un coche de producción desde el icónico McLaren F1 de 1992. En un mercado automotriz achicharrado por la electrificación forzosa, este coche se siente menos como un producto comercial y más como un acto de resistencia civil.

Un diseño de los 60 para escupir sobre el túnel de viento digital
Estéticamente, el McL 6GT rompe de golpe con la silueta de flecha que la firma ha estirado hasta la saciedad durante la última década y media. Es un claro tributo espiritual al M6GT de 1969, el único coche de carretera concebido y pilotado personalmente por el fundador Bruce McLaren antes de su trágica muerte.

Las líneas abandonan los pliegues aerodinámicos hiperagresivos modernos para abrazar la sensualidad de los prototipos de resistencia de los años 60:
- Una carrocería marcadamente alargada y de baja estatura.
- Ópticas delanteras elevadas y aletas musculosas.
- Entradas de aire laterales sobredimensionadas esculpidas directamente en las puertas.
- Una trasera limpia con corte Kammback y la mítica firma de Bruce McLaren estampada en la tapa del vano motor.

Por si fuera poco, Woking ha tenido el valor de descartar la dirección asistida puramente eléctrica en favor de un sistema hidráulico tradicional. ¿El objetivo? Que el tacto del asfalto llegue a las manos del conductor sin filtros de silicio ni retardo digital.

El nuevo estatus del coleccionismo radical
Con este movimiento —el primero bajo la nueva estructura tras la fusión con la start-up Forseven—, McLaren inaugura una nueva división de modelos ultraexclusivos orientados al coleccionismo de altos vuelos. No busca batir récords en Nürburgring ni medir fuerzas con hiperdeportivos híbridos de más de mil caballos; busca recuperar la conexión visceral entre el hombre y la máquina.

Cuando llegue a las calles en 2028, su precio rozará cifras prohibitivas y su producción será escasa hasta el paroxismo. Pero deja una lectura esperanzadora: los fabricantes empiezan a entender que el verdadero lujo en el siglo XXI ya no es la potencia digital, sino el derecho a seguir conduciendo con los pies y las manos.

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