La globalización, tal y como la conocíamos, ha muerto. En la nueva guerra fría tecnológica que se libra entre Estados Unidos y China, la cadena de suministro de semiconductores se ha convertido en un arma. Y las naciones, en un acto de puro proteccionismo y supervivencia, han decidido que el «petróleo» del siglo XXI, los chips, tiene que fabricarse en casa. O, al menos, en casa de un amigo muy cercano.
Y en esta partida de ajedrez geopolítico, Japón acaba de hacer una de las jugadas más espectaculares y reveladoras. El gobierno nipón ha anunciado un subsidio demencial de hasta 536.000 millones de yenes (más de 3.000 millones de euros). ¿El destinatario? No una empresa japonesa, sino el gigante estadounidense Micron. El objetivo: asegurarse de que la memoria DRAM de próxima generación, la que alimentará a la inteligencia artificial, se fabrique en su territorio, en Hiroshima.
Una inversión para dominar la memoria de la IA
Este no es un simple cheque en blanco. Es una inversión estratégica para dominar un componente crítico. El subsidio del gobierno japonés cubrirá un tercio de la inversión total de Micron, que planea gastar 1,5 billones de yenes (casi 9.000 millones de euros) para expandir su fábrica y convertirla en una de las más avanzadas del mundo para la producción de memoria DRAM de alto rendimiento para la era de la IA.
Una parte de la ayuda se destinará específicamente a la investigación y desarrollo, uniendo a los equipos de I+D de Micron en Japón y Estados Unidos para acelerar la innovación.

La ‘alianza del silicio’ contra China
Esta jugada no puede entenderse sin el telón de fondo de la guerra tecnológica entre Estados Unidos y China. Es un movimiento perfectamente coordinado entre dos aliados, EEUU y Japón, para fortalecer sus propias cadenas de suministro y, de paso, aislar aún más a China del acceso a la tecnología de semiconductores más avanzada.

Japón, que en los años 80 fue el rey de la industria de la memoria, quiere recuperar su posición estratégica. Y para ello, ha decidido que la forma más rápida y segura es aliarse y subvencionar a uno de los tres grandes fabricantes mundiales, el estadounidense Micron. Es una forma de «nacionalizar» la producción sin tener que construir una empresa desde cero.
El nuevo proteccionismo tecnológico
El subsidio masivo de Japón a Micron es el último y más claro ejemplo del nuevo paradigma mundial: el tecno-nacionalismo. Se acabó la era de buscar la fábrica más barata. Ahora se busca la fábrica más segura, la que está en tu territorio o en el de un aliado fiable. Es una inversión defensiva, porque asegura a la industria japonesa un suministro estable, y ofensiva, porque consolida el eje tecnológico Washington-Tokio como un muro de contención contra las ambiciones de Pekín.
¿Crees que es legítimo que los gobiernos usen dinero público para subvencionar a empresas extranjeras por motivos estratégicos? ¿Es esta la única forma de competir con China? El debate está servido. Déjanos tu opinión en los comentarios y únete a la discusión en Instagram, Facebook y YouTube.
