
Las recientes declaraciones de Ola Källenius, CEO de Mercedes-Benz y actual presidente de la asociación de fabricantes europeos ACEA, han marcado un punto de inflexión en el discurso sobre la electrificación en Europa. El directivo ha advertido que la demanda de vehículos eléctricos (EV) está lejos de las expectativas políticas iniciales y ha pedido una revisión urgente de las normativas de la Unión Europea para evitar un posible colapso del sector.
Ajuste de expectativas y demanda real
Källenius admite que la industria atraviesa un «periodo de fuertes tormentas» debido a una adopción de eléctricos más lenta de lo previsto:
- Cifras actuales: A mediados de 2025, los vehículos 100% eléctricos representaban solo el 17,5% de las matriculaciones en Europa, una cifra muy inferior a las proyecciones de años anteriores.
- Giro estratégico: Mercedes-Benz ha tenido que rectificar sus metas ambiciosas; tras prometer un catálogo 100% eléctrico para 2030, la marca ahora invertirá más de lo planeado en tecnología de motores de combustión para que duren «bien entrada la próxima década».

Críticas a la legislación de la Unión Europea
El CEO de Mercedes ha sido especialmente crítico con el enfoque regulatorio de Bruselas, al que califica de poco pragmático:
- El riesgo de 2035: Källenius advierte que prohibir el motor de combustión en 2035 sin que el mercado esté preparado podría provocar un «efecto La Habana», donde los clientes mantendrán coches viejos y más contaminantes por no querer o no poder acceder a un EV.
- Impacto en el mercado de usados: Señala que obligar a las flotas a ser eléctricas para 2030 saturará el mercado de ocasión en pocos años, hundiendo los precios residuales y poniendo en riesgo la solvencia de empresas medianas del sector.
- Incentivos vs. Sanciones: Frente al modelo europeo de multas, el directivo pone como ejemplo positivo a China, donde la transición funciona mejor gracias a incentivos inteligentes y flexibilidad mecánica en lugar de prohibiciones drásticas.
Esta situación de incertidumbre no es un caso aislado ni exclusivo de Mercedes. Como ya analizamos anteriormente al tratar la profunda crisis que atraviesa la industria alemana con cierres y despidos, el sector del automóvil en Alemania está sufriendo las consecuencias de una transición forzada que no ha tenido en cuenta la competitividad frente a otros mercados ni el coste de la energía industrial. La advertencia de Källenius refuerza la tesis de que el dogmatismo climático, si no va acompañado de pragmatismo económico, pone en jaque el corazón industrial del continente. El directivo insiste en que el objetivo común sigue siendo la neutralidad climática, pero el método de «obligación y sanción» está demostrando ser ineficaz frente a un modelo de incentivos y libertad de elección.
La propuesta de los fabricantes
A pesar de las críticas, Källenius mantiene su compromiso con la neutralidad climática para 2050, pero propone un método diferente basado en la neutralidad tecnológica:
- Flexibilidad mecánica: Pide que la UE permita un papel continuado para los híbridos, combustibles sintéticos (e-fuels) e hidrógeno más allá de 2035.
- Infraestructura y costes: Insta a los políticos a centrarse en reducir el coste de la electricidad industrial y acelerar el despliegue de cargadores, que según sus estimaciones, podría tardar hasta 15 años en ser adecuado.

Recientemente, la Comisión Europea parece haber escuchado parte de estas demandas al anunciar en diciembre de 2025 que sustituirá la prohibición total de 2035 por un objetivo de reducción de emisiones del 90%, permitiendo que motores de combustión altamente eficientes o con combustibles neutros sigan operando.
Mercedes se suma a un coro cada vez más ruidoso de fabricantes que exigen volver a poner al cliente, y no al regulador, en el centro de la estrategia industrial. ¡Te leemos en los comentarios! Y no te olvides de seguir a Gurú Tecno en YouTube, Instagram y Facebook.