La Unión Europea se enfrenta a un desafío logístico e industrial sin precedentes en su política espacial. Ante la ambiciosa previsión de multiplicar por seis la frecuencia de sus lanzamientos de cohetes de cara a 2034, el comisario europeo de Defensa y el Espacio, Andrius Kubilius, ha señalado que la UE se verá obligada a mirar más allá de sus fronteras y buscar nuevos emplazamientos de lanzamiento en el extranjero, incluyendo países como Noruega, el Reino Unido y Canadá.
La Unión Europea busca aumentar su presencia en el espacio y se marca como prioridad el lanzamiento de satélites para crear una red propia frente a competidores como Space X de Elon Musk.
Un crecimiento exponencial obligado por las constelaciones orbitales
El motivo principal de esta urgente expansión radica en las necesidades operativas de los grandes programas espaciales comunitarios. Para el año 2034, la Unión Europea tendrá que llevar a cabo 62 lanzamientos orbitales anuales para sostener y actualizar de forma óptima el sistema de navegación Galileo, la red de observación de la Tierra Copernicus, el sistema de conectividad segura por satélite y una nueva iniciativa gubernamental de observación que ya se encuentra en fase de planificación.
El cuello de botella actual es evidente si se analiza la capacidad de las infraestructuras de la Agencia Espacial Europea (ESA). El cohete Ariane 6, operado desde la base principal de Guayana Francesa, cuenta con un límite operativo de apenas 10 lanzamientos anuales, una cifra que urge elevar hasta los 14, muy lejos todavía de los requerimientos futuros de la UE.

Mapa internacional de bases espaciales y cooperación con la ESA
Aunque la Agencia Espacial Europea actúa como motor técnico del sector espacial europeo —con el Reino Unido y Noruega integrados como miembros de pleno derecho y Canadá como país socio—, la estrategia de Bruselas pasa por diversificar geográficamente las plataformas de despegue.
En palabras de Andrius Kubilius:
«Estamos ampliando significativamente nuestra capacidad de lanzamiento… La selección de emplazamientos no se limita al continente europeo, sino que también incluye zonas circundantes, como Andoa en Noruega y Escocia; Portugal está evaluando la viabilidad en las Azores; y Canadá también es un socio potencial».
De este modo, Europa dibuja un nuevo mapa estratégico exterior para garantizar que sus ambiciones en conectividad e inteligencia orbital no se queden ancladas en la tierra por falta de pasarelas al espacio.
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