La carrera por sostener el crecimiento exponencial del tráfico de datos global y la inteligencia artificial acaba de marcar un hito histórico. Meta ha anunciado oficialmente la construcción de Petal, catalogado como el primer cable óptico submarino transoceánico del mundo de clase petabit. Este ambicioso proyecto no solo destaca por su descomunal ancho de banda, sino también por convertirse en el pionero en lograr un despliegue comercial a gran escala utilizando fibras ópticas multicore.
Una autopista digital de 7.000 kilómetros entre Francia y Estados Unidos
Diseñado para surcar las profundidades del océano Atlántico, el cable Petal enlazará de manera directa las costas de Francia y Estados Unidos a lo largo de una ruta que se extenderá por aproximadamente 7.000 kilómetros. Su capacidad técnica marcará un antes y un después en la infraestructura de internet, alcanzando un ancho de banda de transmisión bruto de 1 Pbps (1.000 Tbps).
Para hacernos una idea de su magnitud, esta cifra colosal duplica por completo la capacidad de los cables submarinos más avanzados existentes hasta la fecha para esa misma distancia transoceánica. Los responsables del proyecto han señalado gráficamente que semejante caudal equivaldría a la capacidad de red necesaria para dar soporte simultáneo al 75% de la población mundial reproduciendo música en streaming al mismo tiempo.

Alianza global y fecha estimada de puesta en marcha
Un despliegue de semejantes dimensiones requiere de un conglomerado industrial de primerísimo nivel. Petal no es una iniciativa en solitario, sino el fruto de una colaboración conjunta entre Meta, la japonesa NEC y Sumitomo Electric Industries, tres gigantes que aunarán su experiencia en ingeniería de sistemas submarinos y fabricación avanzada de fibra óptica.
Asimismo, el operador de telecomunicaciones francés Orange jugará un papel fundamental sobre el terreno, aportando todo el soporte logístico e infraestructural necesario para el amarre y la correcta instalación de la red de fibra óptica en territorio francés. Si se cumplen los plazos previstos por los socios, el complejo proceso de ingeniería y tendido marítimo culminará con su entrada en funcionamiento comercial de cara al año 2029, cimentando los cimientos de la conectividad transatlántica de la próxima década.
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