La nueva Commodore, ahora bajo el mando de la CEO y conocida YouTuber Peri Fractic (Christian Simpson), ha decidido que para celebrar el 40 aniversario del modelo C64C, no bastaba con imitarlo. Había que resucitarlo.
Un hardware con alma de silicio (FPGA)
Olvidaos de los sistemas basados en software que dan tirones. El C64C Ultimate utiliza tecnología FPGA (Field Programmable Gate Array) para replicar el hardware original a nivel de circuito.
- Compatibilidad total: Presumen de un 99,99% de compatibilidad con todo el ecosistema original (cartuchos, periféricos y software).
- Conectividad moderna: Aunque por fuera parezca de 1986, por dentro lleva salida HDMI, puertos USB y una fidelidad de imagen que el viejo televisor de tubo de tu abuelo envidiaría.
La odisea de los moldes originales
Aquí es donde la historia se pone épica. La carcasa no es una copia; se fabrica con los moldes de inyección originales de los años 80.
- El viaje: De Japón a Pensilvania, pasando por las manos del coleccionista Dallas Moore en una subasta en 2014.
- El milagro: Los moldes sobrevivieron a un incendio en la fábrica de Individual Computers en 2015.
- El regreso: La nueva Commodore ha recomprado estas piezas de acero de 1.100 kg para que las carcasas sean, literalmente, «oficiales».

«Imperfecciones» como sello de autenticidad
Lo más loco de este lanzamiento es que han decidido mantener los defectos de fabricación de la época. Debido a un diseño de entrada de doble punto en el molde original, el plástico se enfriaba de forma desigual, creando unas marcas de flujo semicirculares casi invisibles.
Para Peri Fractic, estas marcas no son errores, son el «sello de autenticidad». Si tu C64C Ultimate las tiene, es que ha nacido del mismo acero que los ordenadores que dominaron el mundo hace cuatro décadas.
El veredicto del Gurú
Esto no es una consola retro para las masas; es una carta de amor a la informática personal. El hecho de que hayan rastreado unos moldes que casi se convierten en mesas de centro para que nosotros podamos tocar el mismo plástico que en 1986 es una locura técnica maravillosa. Al usar FPGA, se aseguran de que el sonido del chip SID y los gráficos del VIC-II sean perfectos. Si eres un purista del Commodore, esta es la máquina definitiva.

Eso sí, prepara la cartera, porque la nostalgia de alta fidelidad tiene un precio: desde los 298€ del modelo básico hasta los 469€ de la Founder Edition.
¿Crees que el uso de moldes originales con sus ‘defectos’ aporta valor real al producto o es solo una estrategia de marketing para justificar un precio elevado? ¿Es la tecnología FPGA el estándar que deberían seguir todas las empresas que quieran relanzar sistemas retro, abandonando definitivamente la emulación por software?
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